Hace no demasiado que me enamoré de la literatura de Coetzee. Aunque hacía ya años que había oído hablar de él. Por supuesto, de todo un señor premio Nobel. Lo que escuché en su día me gustó lo suficiente como para añadirlo a mi lista de “ya llegará” que, conociendo al sujeto como me conozco, ya es bastante. Y vaya que si llegó. Y con intereses. Fue leyendo (el divertidísimo) “Dietario voluble” de Vila-Matas donde nos volvimos a encontrar. Vila-Matas citaba una parte de un ensayo de Coetzee.Aquella reflexión me impresionó de tal manera que, al acabar el dietario, me fui directo a comprar el ensayo. Lo encargo. Tarda una semana. Llega y lo leo de manera compulsiva. Lo acabo y me parece que he aprendido más de la condición humana que en todas mis clases de filosofía. Es lo que tiene ser un maestro, supongo. Pero aún no me rindo a él. A ver que tal te defiendes con una novela -me digo-. Busco un poco al azar en internet. Hay una que suena mucho “Vida y época de Michael K.”. Tiene un Booker Prize y todo. La compro y la leo. Me parece dura. Muy dura. Su prosa ha cambiado. Narra de manera distinta. Más limpia. Se ha vuelto menos técnico. Bueno, es normal si uno lo piensa un poco: no es un ensayo. Cuando acaba el libro me doy cuenta de que, es perfecto. Puede que no te guste lo que te cuente, pero su modo de contarlo es impecable. No hay nada que decir de esa novela salvo que es perfecta. Me intereso por el personaje en cuestión: John M. Coetzee. Leo en internet que es un tipo algo excéntrico. Pero me interesan sus excentricidades. Me tocan de cerca. Miro que puedo leer que lleve su firma. ¡No puede ser! Acabo de enterarme que está con sus memorias. Eso es perfecto. Puedo indagar en su vida. Las ha dividido en tres partes: "Infancia","Juventud" y "Verano". Las leo de un modo frenético. Y ahora sí que me rindo a su literatura. Capitulo sin condiciones. Pero, ¿Ya está? ¿Se acabó? Yo quiero saber más de él. ¿Acaban sus memorias en “Verano”? No puede ser, en esa novela tiene unos treinta y tantos. Y ahora debe ser sexagenario. Cojo el libro de mi estante. Lo compruebo todo. De pronto miro el título original: “Summertime: scenes from provincial life III” Bueno, quizá haya una cuarta parte, eso me consuela. Vale, pero, aún así, quiero más. Me voy flechado a la librería. Directamente al estante de la editorial donde publica Coetzee. No hay muchos pero sí uno que no tengo: “Desgracia”. Lo arranco de allí y por unos 15 euros, una ganga -ya verán si lo leen-, me lo llevo. Lo leo. Aaahhh...es increíble nadar en su prosa. Una prosa exquisita, elegante, transparente, pulida al máximo. El libro me ha sentado de maravilla. Varios días después tengo un momento de lucidez. Muy bien -me digo-, por un tiempo nada de Coetzee. Sólo un tiempo. Compro lo último de Murakami y lo devoro. Es corto y la lectura no se ha hecho difícil. Me hago con "1984" de Georges Orwell (una de mis deudas pendientes). El libro me seduce inmediatamente. Es bueno. No, es muy bueno. Lo recomiendo. Cuando lo acabo me doy cuenta de que estoy un poco curado de mi adicción a Coetzee. Gracias señor Orwell: por crear semejante obra y, a la vez, curarme un poco. Aunque, siendo sinceros, he de decir que la lista de libros de Coetzee que me faltan por leer sigue rondando por mi cabeza: Elizabeth Costello, Diario de un mal año,...
Ahora hace demasiado calor para concentrarse delante de un libro. Bajo al videoclub. Doy una vuelta por él. Y casi al final me topo con una película: “Desgracia”. -No puede ser- me digo. Me acerco un poco. “Basada en el bla bla bla...de J.M. Coetzee”. Sabía que habían hecho una película pero no esperaba que estuviese ya en el videoclub de la esquina. Lo sabía por la carátula del libro ¿La cojo? Uff, sé todo lo que va a pasar. Es muy dura. ¿De veras me apetece? -me digo- Es domingo. Mejor una comedia, ¿no? De pronto me sorprendo a mí mismo pensando en si el director habrá sabido captar el universo Coetzee. ¡Maldita sea! Veo como mi mano coge la carátula. No me queda más remedio que verla. Me voy a casa. Ceno. Pongo el aire acondicionado ¡maldito calor! Y me tumbo en la cama. -A ver que habéis hecho- pienso. Empieza bien. Veo alguna escena recortada del libro. Bueno, no es demasiado importante, me repito a mí mismo. Cuando lleva un rato me doy cuenta de que el tono de la película refleja muy bien el de la novela. Por ahora perfecto. Me fijo en John Malkovich -el prota-. Es genial. Ha leído el libro y ha entendido el personaje. Lo interpreta de manera magistral. A veces, me parece ver al auténtico David Lurie de la novela. Se me cae el mundo a los pies cuando veo a Malkovich cargar la furgoneta con bolsas de basura -ya sabréis por qué si la veis-. La vida en Sudáfrica no parece fácil. La película acaba. Ya sabía todo lo que iba a pasar y, sin embargo, se me ha atragantado un par de veces. Joder, me digo. Que mal viven algunos en ese país. En fin, ha sido Coetzee en estado puro ¿qué demonios esperaba? Miro alrededor. Estoy tumbado en mi cama. He cenado muy bien. El aire acondicionado me mantiene fresco mientras fuera hay cerca de cuarenta grados. Con sus reglas buenas y malas, en este trocito de mundo, no se está tan mal. Nada mal. Soy afortunado, creo. Al menos, comparado con la gente de la película. Me levanto y voy al baño. Al salir me miro al espejo. Casi se me olvida: En un par de días, eso sí, habrá que encargar “Elizabeth Costello”-me digo-.


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