- Blade Runner -

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."



Para el que no lo sepa Cujo es una novela de Stephen King que luego fue llevada al cine. Como personaje, Cujo es un San Bernardo rabioso que no te gustaría encontrarte bajo ninguna circunstancia, créeme. Os dejo un pequeño vídeo del trailer. A lo que voy, el sábado pasado tras darnos una buena paliza de limpiar en mi nuevo palacete -joder como cansa limpiar azulejos- fuimos, la novia, la hermana, la madre y el suscribiente, a Casa. Sí, Casa, la cadena de tiendas para decorar tu hogar. O intentarlo con lo que te compres que eso es otra cosa. Que maravilla, cuantas cosas monas puede poner uno en su casa, budas que echan agua y cosas super-chic de lo más, osea. El caso es que íbamos a por una especie de perchero gigante, de esos de las tiendas de ropa, porque visto que se nos echa el tiempo encima y de que en Agosto "Spain stops" habrá que esperar a Septiembre para encargar el armario más grande del mundo. Sí reiros pero no habeis visto el dormitorio. Mi tío sigue perdido allí desde el sábado, no os digo más. No, no es el caso del pez de Mixta. El caso es que entramos en la tienda y como siempre, todo está al fondo a la izquierda. Miramos todos detenidamente: sólo hay dos modelos. Uno parece demasidado malucho y probamos a mirar la foto de 10x10 de la otra caja. La caja es pequeña, nos llega por encima de la rodilla y de todas las chorradas que pone en el frontal ni una sola hace referencia a las medidas. Vuelta por aquí, por allá y nada. Al final Re, coge una caja que hay abierta y empieza a sacar barras. Madre mía, pienso -¿esto es para un perchero o para un andamio? Como Re siga sacando barras, las dejo esta tarde en el dormitorio con el bocata de jamón y a ver si hay suerte y mi tío lo monta mientras encuentra la salida-. Al final nos hacemos una idea de las dimensiones y procedemos a guardarlo todo en la caja. ¡Cling! A Re se le cae una barra. Y aquí empieza la odisea: Aparece de la nada un ser a medias entre una rubia cincuentona y Cujo. Joder que susto me da. ¿Y esos ojos de loca? Se pone a ladrar: NO SE PUEDEN ABRIR LAS CAJAS. Re le responde tranquilamente: "Estaba ya abierta". Joder, tiene una mirada que parece que vaya a sacar un cuchillo y matarnos en aquel rincón de la tienda. Bueno, somos cuatro, alguno sobrevivirá. Tengo miedo, en serio coño. Me siento igual que cuando rompí el cristal de clase con el balón. -¿Me dará una colleja esta tía? Joder, solo pido que no me lleve retorciéndome la oreja hasta la puerta, por favor-. Cujo sigue ladrando: "Verás ahora para meterlo en la caja". -No se preocupe, nosotros nos lo llevamos así-le dice Re. -Es que verá, necesitábamos saber las medidas- le explica Re. "¿Las medidas? -grita Cujo". "PUES LAS DE LA CAJA" contesta como diciendo "Pandilla de anormales, no os mato porque hay gente en la tienda". Y esto lo cambia todo. Miro la caja que me llega por la rodilla y pienso: Claro, cuelgas la camisa a la altura de la rodilla. Lo normal, vamos. ¿La percha es para David el Gnomo o para Los Diminutos? Es que no lo pone. Mitad colgado, mitad suelo. Igual es que se lleva el look "lleno de pelusas desde el segundo botón" y yo no me he comprado el Hola este verano. En ese momento me pongo de mala leche y pienso: La has cagado Cujo. Saco las pocas barras que tenía metidas a toda prisa para salir de allí pitando y empiezo a colocarlas todas  en la caja de modo exquisito, perfecto. De fondo oigo como Re le dice a Cujo que no tiene sentido eso que dice. Yo, lo más pausado que puedo, lo coloco todo dentro de la caja, tal y como estaba. Al final, Re deja de intentar dialogar con ella e intenta ayudarme. Quiere meterlo todo rápido y que nos larguemos de allí. "Ya lo hago yo" le respondo en tono tranquilo pero muy firme. Me deja hacer. Mientras sigo, Cujo hace como que ordena cosas allí al lado."Perfecto" pienso. Al final acabo. Dejo la caja tal y como estaba. Voy hacia el montón de cajas donde estaba ésta y la abandono. Después, tranquilamente, cojo una sin abrir y me voy hacia la caja. Según me contó luego Re, Cujo se quedó blanca en ese instante. Sí, pude haber muerto de camino a la caja pero me jugué el tipo. Mientras voy a pagar, Cujo se pone a mi altura y me dice: "Eso no son modales". Le respondo tranquilamente: "Le he dejado la caja exactamente igual que como me la encontré". Cujo no dice nada y se larga no se adónde. Sí, creo que llevaba el rabo entre las piernas. Niños, no hagáis esto en casa.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo malo de este tipo de seres es que están clonados y se reparten por demasiadas sitios.Qué miedo.