- Blade Runner -

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."

Un sonoro claxon sacudió la tranquila mañana de sábado en Banstead st. Dorothy estaba sentada en su viejo sillón ocre cuando lo oyó. La pierna le había dado una mala noche y la mantenía en alto mientras refunfuñaba a solas. A pesar del dolor, al oír la bocina del coche, se levantó a curiosear. Cojeando un poco se acercó a la puerta. Apartó con sigilo uno de los visillos que adornaban las decorativas jambas de vidrio y echó un vistazo fuera. Al instante reconoció el Rover que paraba delante de su casa y la abultada figura que lo conducía: era Freddie, el amigo de Clusk. Aquel grueso perfil era inconfundible. No pudo ignorar que el coche relucía como si fuera nuevo. Parecía que Freddie se hubiera empeñado en tenerlo a punto para ir a algún lado. Por lo que ella sabía, es lo que solían hacer los hombres con sus coches. Siguió allí mirando esperando a que Freddie bajara del Rover. Mientras permanecía expectante escuchó los familiares crujidos de los pasos de Clusk sobre el piso de madera de la planta superior. Con el tiempo, uno aprende a distinguir los pasos de los que tiene cerca. Era obvio que Clusk también había oído el claxon y se disponía a bajar. Dejó el visillo que sostenía con las manos y se dirigió a la base de la escalera. Para cuando su cojera le permitió llegar, Clusk ya estaba abajo. Al encontrarse frente a frente, Clusk le dió los buenos días tímidamente y agachó un poco la cabeza. Dorothy estaba un poco confusa.

-"He visto a Freddie fuera pero es muy temprano Clusk, ¿ya te vas?" dijo con tono de preocupación.

Freddie aún se mantenía ligeramente cabizbajo. Se armó de valor y le contestó

-"Sí, esto...vamos a...bueno, es una sorpresa", terminó diciendo improvisando una explicación.

Dorothy dudó unos segundos.

-"¿Una sorpresa?" exclamó sin entender del todo.

Clusk carraspeó un poco. En parte porque empezaba a ponerse muy nervioso y en parte por ganar algo de tiempo. De pronto le vino a la cabeza una frase que su madre le repitiera: Clusky, mentir no es cosa de caballeros y tú quieres ser un caballero ¿verdad?

-"Creo que Freddie quiere llevarme a algún sitio pero no me ha dicho aún donde" contestó prolongando su historia un poco más.

-"¿Sin desayunar siquiera? Te he preparado unas tortitas Clusky". Por su tono, la última frase de Dorothy era un claro chantaje. 

Clusk empezó a sentirse acorralado y, a la vez, algo culpable. El claxon del Rover volvió a rugir y él aprovechó aquel momento de tregua para escapar.

-"Tengo que irme Dorothy. Gracias por las tortitas pero Freddie me espera. Siento no haberla avisado anoche. Supongo que tomaremos algo por ahí".

Algo avergonzado, se fue directo a la puerta. Cogió su gabardina y su sombrero mientras oía la cadencia de la cojera de Dorothy a su espalda, como persiguiéndole.

-"Está bien, no pasa nada hijo. Creo que hay un sitio nuevo en Fulham's St., cerca de ese apestoso Smokey's. No sé como a alguien se le ocurriría ir allí" empezó a relatar Dorothy.

-"Gracias Dorothy" dijo Clusk en un tono que daba por zanjada la conversación mientras cruzaba ya la puerta. En el instante en que iba a cerrarla oyó que Dorothy le decía

-"Feliz cumpleaños Clusky". Él se relajó por un instante y le dió las gracias mientras cerraba. Al darse la vuelta se olvidó de los escalones que le separaban del suelo y a punto estuvo de acabar sobre la grava que alfombraba el sendero del jardín. Freddie, que leía el Times mientras esperaba, se giró y vió como su amigo daba un buen traspié. Todo quedó en un susto. Al verlo de nuevo recompuesto, le sonrió. Clusk se sentía un poco ridículo por toda la situación. Bordeó el Rover de su amigo, abrió la puerta y se instaló en el asiento de al lado.

-"Buenos días Clusk" dijo Freddie con una sonrisa mientras doblaba el periódico.

-"¿Podrías arrancar?" le contestó su amigo bastante serio. Tenía su gabardina y el sombrero sobre su regazo.

-"El Times dice que la primera carrera en el Catford Greyhoud Stadium es a las once, ¿O prefieres hoy ir a Crayford?" dijo Freddie para agradarlo.

-"Catford está bien Fredderick, arranca por favor". Clusk estaba cada vez más nervioso.

-"Dicho y hecho". Freddie miró hacia la casa y vió como Dorothy les espiaba a través de uno de los visillos. Sonrió y puso en marcha el contacto. El Rover salió suavemente y empezó a recorrer la calle. Aún se podían contar números en Banstead cuando Clusk se relajó por fin en su asiento y suspiró aliviado.

-"Perdona Fred" añadió.

-"No pasa nada Clusk, te entiendo. Además, hoy es tu día". Dijo quitándole importancia.

Clusk sonrió y, dentro de sí, se lo agradeció de veras. Algo más animado le preguntó:

-"¿Podrías llevarme a algun sitio a desayunar? Me muero de hambre."

-"Ese era al plan. Dicen que hay un sitio nuevo en Fulham pero no me fío ¿Tú qué dices?"

-"Sí, creo que Dorothy me ha dicho algo pero prefiero ir donde siempre".

-"Tú mandas. Directos a Smokey's pues".

Freddie conducía por la autopista A3 mientras ponía al día a su amigo de algunos problemas domésticos. Su mujer le atosigaba porque quería comprar unas cortinas nuevas.

-"No lo entiendo Clusk. Sólo tienen dos años pero dice que esta temporada se lleva un estampado francés. ¿Francés? Pues que lo pongan en Francia ¿Cortinas francesas en una casa inglesa? Te juro que no entiendo nada."

Clusk se reía a carcajada limpia. Freddie tomó la salida para la A219 que les llevaría directos a New King's Road, cerca de Fulham. No había mucho tráfico y el día prometía, apenas había niebla. Se hizo un silencio en la conversación mientras recorrían la A219. Sólo se oía el suave rugido del motor inglés abriéndose paso. Clusk miraba por la ventanilla pensativo. -Debe ser una lata tener que discutir con alguien por unas cortinas- se decía a sí mismo pero, en el fondo, lo envidiaba y era consciente de ello.

-"Ya casi estamos" dijo un Freddie orgulloso mientras enfilaba New King's Road. Miró a su amigo que llevaba dibujada en la cara, desde hacía un buen rato, una sonrisa estúpida y éste salió de su ensoñación. Se había estado imaginando como sería discutir con Sue sobre unas cortinas. 

No tardaron mucho en aparcar el reluciente Rover. Al entrar en Smokey's vieron a Marcus, algo alterado, tras la barra. Le daba instrucciones a una chica. Lo saludaron y éste les hizo una seña, luego hablarían.

-"Debe ser nueva" dijo Freddie mientras cruzaban el reformado pub.

No había mucha gente en el local a esas horas y Clusk pudo elegir la mesa en su rincón favorito, junto a la ventana y algo aislada del resto. Miraron la carta aunque, como todo cliente asiduo que se precie, la conocían de sobra. Marcus apareció de pronto. Les dio los buenos días y les confesó que había contratado a la hija de un conocido por hacerle un favor. Al parecer, la chica era bastante torpe y él empezaba a desesperarse. Ellos le pusieron también un poco al día de sus vidas. Fue Freddie el que confesó que era el cumpleaños de Clusk. Al final, pidieron lo de costumbre. Mientras desayunaban, Clusk le contó a su amigo un par de cosas interesantes que había leído en el Reader's Digest. O al menos, a él se lo parecían. Por su parte, Freddie le suministraba los últimos cotilleos de la oficina. La mayoría sorprendían bastante a Clusk que no parecía enterarse nunca de nada:

-"Es imposible Freddie. ¿Robertson? Jamás lo hubiese sospechado. ¿Estás seguro?"

Freddie asentía con la cabeza y una sonrisa iluminaba su cara. De vez en cuando, ambos interrumpían la charla para mirar hacia la barra donde Marcus intentaba no desesperarse mientras parecía corregir a la nueva camarera. Contando a la chica, había tres camareros en el local y luego estaba Marcus que, normalmente, sólo supervisaba. Esa mañana, parecía hacer el trabajo de dos.

-"Un excelente café el de Smokey's" soltó un Clusk satisfecho al terminar su taza.

En ese instante Marcus, que parecía tener prisa, se despidió desde la puerta haciéndoles una seña. Ellos le devolvieron el saludo.

-"¿Dónde crees que irá?" preguntó Freddie. Clusk se tomó su tiempo para responder, luego sonrió y contestó

-"Seguramente a por otra camarera". A Freddie le hizo gracia la ocurrencia. Después del episodio con Dorothy, Clusk se encontraba de muy buen humor. Llamaron a uno de los camareros para pagar. Éste asintió. Un sonriente Clusk dijo triunfal

-"Fred, hoy pago yo".

-"Debo reconocer que me encanta cuando me invitan" le contestó su amigo echándose hacia atrás en la silla con una media sonrisa. "Creo que he comido demasiado" añadió tocándose su enorme barriga y torciendo ahora un poco el gesto.

-"En realidad invita el señor Cabbot" le susurró Clusk en un misterioso tono mientras sacaba el billete de 50 libras que recibiera la tarde anterior. Su amigo enarcó las cejas y bastante confundido, soltó un ahogado

-"¿Cabbot?"

En ese momento llegó el camarero. "El señor O'Brien les invita caballeros" dijo con una voz atiplada. Los dos se miraron y le dieron las gracias al chico. Ambos se sentían satisfechos. Mientras recogían sus gabardinas, Freddie insistió con la pregunta que había quedado en el aire: "¿Cabbot? "

"Luego te lo cuento" le respondió su amigo. Al salir, un cálido sol gobernaba ya las calles londinenses. Cuando Clusk recibió las caricias del astro rey en la cara, cerró los ojos y una felicidad especial lo embargó. En ese preciso instante supo que aquel día era especial, sería especial. Como si algo fuera a cambiar. Una voz interior le decía: Espera un poco más, sólo un poco más.