- Blade Runner -

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."

Estoy en esa edad de casarme con un banco. Treinta años de entrega, a demostrar en incómodas  mensualidades, hasta que la cancelación de la deuda nos separe. Supongo que aquí no vale lo de "en la riqueza y en la pobreza" aunque por lo demás todo va más o menos igual. Lo malo de estos días es que las novias se han vuelto un poco estrechas. Llevo dos meses coqueteando con la chica pero nada. No se deja meter mano. Ni que sí ni que no y yo que no valgo para Don Juan, que cruz. El viernes fui a tirarle los trastos otra vez. Antes, me arreglo. Una camisa de marca, chaqueta, zapatos relucientes y raya perfecta sobre el parietal. Reparo en lo ridículo del asunto. Uno se arregla para ir a pedirle dinero a un banco como si no lo necesitara. Pero, por otro lado, a nadie se le ocurre soltarle un euro a un pobre en la calle si éste va de Dolce&Gabbana. A pesar de todo, me afano y salgo como arrancado del catálogo del corte inglés. Doy mi paseito y llego por enésima vez al banco. Tiro de la enorme puerta deseando que no haya cola, las odio. Entro y no hay nadie, bien. Voy directo a la mesa de turno. Miro a la chica, le hago un gesto cortés y me dice que me siente. Accedo y antes de tener tiempo de hacerlo, me suelta, sin levantar la cabeza de los papeles: "Aún no he mirado lo tuyo".  En realidad, ya lo sabía, me digo a mí mismo. De hecho, sé todo lo que me va a decir en los próximos quince minutos pero, aún así, finjo que no y seguimos. Agarra una lista de personas y me pregunta: "Fulano de tal y cual, ¿verdad?" Me quedo un poco estupefacto al oír mi nombre completo, eso sí que no me lo esperaba, y, allí sentado, le digo que sí. Me fijo en la lista de pretendientes. Cada uno tiene un color, el mío es azul. ¿Qué querrá decir eso, me pregunto? Dar largas, me supongo. Seguro que el azul significa guerra de desgaste, así que le pregunto: "¿Y entonces? Porque le recuerdo que están a punto de entregar los pisos". Bla, bla, bla, unos tira y afloja más allá, dejémoslo ahí, la chica queda en llamarme la semana próxima con una respuesta formal. Algo así como el "Vuelva usted mañana" de Larra salvo que hay algo raro en sus ojos. Me da a mí que esto no es pura vagancia made in Spain. Decido retirarme, misión cumplida. La batalla de hoy sólo consistía en recordarles que sigo ahí. Tengo mis ases en la manga. Salgo del banco con la inevitable sensación de que esta chica en cuestión es muy estrecha (no la de la mesa, ojo) y echo a andar. Camino de casa cruzo por un pequeño parque. Me fijo en dos mocosas que juegan y me quedo estático. Apenas levantan cuatro palmos del suelo. Una tiene rizos de oro y la otra un corte a lo Cleopatra. La rubia lleva una comba en la mano y va corriendo. La emperatriz la persigue intentando agarrar la soga. Es difícil expresar la cara de felicidad de ambas y la sensación que provoca su risa llenando el parque. La risa de un niño es algo especial que te invade y te colma, aún no sé muy bien por qué. La estampa y esas risas me transportan a mi infancia. A cuando yo jugaba. Antes y después de clase jugábamos a "No pisar alquitrán". Recuerdo deslizarme por la barandilla verde del colegio (gracias a Dios aún siguen verdes y puedo verlas de vez en cuando). A veces saltaba de golpe al foso o corría como un poseso por él. Tengo grabada la tensión que se sentía al tratar de esquivar al compañero que se la picaba. Pero, por encima de todo, llevo impresa la felicidad que me provocaba tocar la columna de cemento encalado al grito de "¡Salvado!". Joder, me digo.  ¿En qué momento del camino dejé de ser tan feliz con tan poco? ¿Alguien sabe como volver? 

2 comentarios:

SuperSuu dijo...

Siento haber tardado tanto en escribir. Llevo semanas sin vida propia. Esto va en especial por carlitos_way y por Mesalina que se toman en serio este blog. A todos los que me leeis: GRACIAS.

Anónimo dijo...

La saudade que provoca pensar en nuestra infancia y las ganas que teníamos de ser mayores.La satisfacción que tenemos es pensar que si lo añoramos es porque hemos sido muy felices.En fin, espermos en unos años seguir sientiendo eso cuando pensmos en hoy, será buena señal.